domingo, julio 19, 2009

CINE COMENTARIO : EL LUCHADOR (2008)




THE WRESTLER (EL LUCHADOR)

Recuerdo La ley de la calle (Rumble Fish), todos los artistas del rock latinos, la new wave, el olvidado Karto, el Trauko , las primeras Zona de Contacto, la revista Cauce, en fin de la segunda parte de los 89, nombra esta película en Blanco y Negro dirigida por Francis Ford Coppola, como una de sus favoritas, un culto... El ocaso de las pandillas, ¿año 50?, un incipiente Matt Dillon , una promesa y nada más y ahí... el famoso chico de la moto, Mickey Rourke , con típico palito de fósforo en la boca mientras montaba su Harley Davidson, cool, el hijo pródigo de regreso a su ciudad natal, notable esa dialogo con su padre alcohólico (Dennis Hopper). Al final termina asesinado por robarse unos peces de una tienda de mascota porque que deseaba liberarlos en el río. Después en su entrada al pináculo de superestrella Manhattan Sur, de Michel Cimino. El resto si bien fue mediático no me interesó hasta que fui testigo de ese fiasco "Orquídea Salvaje" allá por 1990. Fue recién en el 2005 con Sin City donde renació con su papel como Marv.
Recién la acabo de ver The Westler (El luchador) en … DVD. Me recuerda Million Dollar Baby del tremendo y clásico Clist Eastwood. La afinidad es por dos deportes que generan polémica y rechazo por el público más educado por así decir o por la gente más conservadora o con el lúdico sentido común de ver un circo romano, pero lo que hacen las grandes películas es verlas en toda su dimensión, como un tributo a personas que aman lo que hacen, lo que no es menor.
Lo que no me había fijado de The Westler que su director es Darren Aronofsky, sí, el mismo de Pi, fé en el caos (la mejor cefalea simplificada en una película, deberían llamarla PI, la migraña es caos) y Réquiem (con sus menos y más). Me llama la atención lo versátil que ha sido en cada una de sus películas, confieso que aún no he visto The Fountain (acá llamada La fuente de la vida). Es increíble el cambio de pulso, ritmo que maneja en The Westler y ahí esta Mickey en todo en sus esplendor de actor duro, con un corazón literalmente enfermo en espíritu y físicamente, brillante en la escena con fondo en el mar, donde se desahoga con su hija.

Por que menciono The Westler y Million Dollar Baby, porque hablas de dos deportes - entretenimientos que por lo general los he calificado peyorativamente, ha pesar que sobre el boxeo he visto películas que se han hecho mis favoritas; bueno punto parte, por el circo involucrado: la mafia, los arreglos, lo denigrante del morbo de ver dos tipos dándose duro y peor la gente que osa gritando, ¡Dále! o ¡Mátalo!
Pero son tan buenas la historias, y tan bien dirigidas que uno reindivica un trabajo no menos grato que otros, la miseria, el esfuerzo, la camaradería, el ocaso y la mentira, en fin los grandes temas de siempre que también lo ves enn las guerras, en las empresas, las religiones, las drogas, las escuelas, las familias, con distintos matices de violencia ya sea física o psicológica, algunas tal vez tácitas pero tan pervertidas o incluso peores. Vivimos un constante show degastador de apariencias, mentiras, me incluyo en el tándem, una especie de éxito, que al final del día no es raro ver un reality , un mero espejo de lo que somos durante el día. Tú me cagas, Yo te cago, Tú me rascars la espalda yo te la rasco. Ascenso, inflexión y ocaso, olvido, traición, envidia, otro tipos de mutilaciones tan violentas pero que no se ven , se respiran , lo no tangible, la podredumbre y la virtud que tanto nos identifica y nos justifica para no volvernos locos pensando en quién cresta somos. Randy no es un santo, es un tipo que en su ocaso se de cuenta de la siembra, lleno de bypass, ese olor a muerte que destila la humillación de haber perdido, de no saber reconocer que se ha perdido y que por último se intentó revertir lo irreversible. Para al final, lejos de caer, decide morir en su ley, en lo único que sabe hacer y donde se siente bien, el wrestling . No hay por qué terminar olvidado postrado en una casa vacía, en un asilo de ancianos o en un psiquiátrico, te paras y lucha no entras mansamente en la noche virtuosa, rébelate, rebélate (Dylan Thomas). decía, no entres mansamente en la noche virtuosa… tal como el protagonista de Meet Joe Black, aun que se fue en forma afortunada, anyway, o como un tipo de mierda que al final tiene la suerte de ser un gran escritor como Raymond Carver qué en su último poema escrito antes de morir, dice (Leer introducción de Bajo una Luz Marina, colección Visor de Poesía) :


¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
Amado en la tierra

Randy vislumbró ese final en el ring, en el único lugar donde no se sentía solo, a pesar que el corazón de desmoronaba física y espiritualmente. Los golpes falsos son los que mas dueles y si hay alguien que sabe eso es Clint Eastwood que ha realizado cátedra en varias películas que filmado y actuado. Los golpes de la vida duelen más por qué expone que la mentira es una verdad, que duele tanto como la honestidad misma.
Para finalizar mis queridos Drogos, un poema de Tellier como tributo a estos luchadores, el ring de la vida, donde nos vemos, con más o menos chances para ganar perder o al menos empatar, depende lo que hayas entrenado lo que no te asegura que vayas a ganar, al final queda en pie el más listo. Axioma de la naturaleza.


A UN VIEJO PÚGIL
Revistas color sepia, programas de matches estelares,
el par de guantes firmados por el Presidente
cuando ganó el Campeonato
colgados junto al retrato de la Difunta
lo hacen buscar la gloria del Álbum amarillento
y mientras hierve el agua en el anafe
va recordando la cara del público y sus rivales
a quienes el tiempo les ha contado diez.
La tarde cuelga frente a su ventana
como una raída y sucia bata de combate,
y él vuelve a bailotear en el ring,
siente ovaciones en la tarde muerta.
No crean que está solo
mientras prepara el café
y hace guantes frente al espejo
que le muestra su nariz rota y sus orejas de coliflor.
Todas las tardes regresan sus admiradores
que en la estación se empujan para llevarlo en hombros
a la vuelta de su gira triunfal
y lo dejan en la primavera del césped de pez—castilla
donde —como le prometió a su madre—
sueña que ha esquivado —sin despeinarse— los golpes del olvido.

Jorge Tellier , Cartas para reinas de otra primavera (1985).


Mis queridos Drogos, buenos días.

Alfredo Poo@2009
Publicar un comentario